Por: Jorge Bonica Sierra
En los pasillos de la política uruguaya, hay personajes que parecen tener un imán para los cargos públicos, no por su capacidad de gestión ni por el respaldo de las urnas, sino por su asombrosa habilidad para saltar de rama en rama justo antes de que el árbol se caiga. El caso de José Amy, actual director de OSE, es el ejemplo perfecto del «político profesional» que vive del Estado sin haberle ganado nunca a nadie.
Rectificar es de hombres, acomodarse es de «vivos»
Hace un tiempo señalamos a Pedro Bordaberry como el responsable de su llegada al cargo. Hoy debemos hacer justicia con la verdad y corregir: Bordaberry no lo puso ahí. Fiel a su estilo de supervivencia, Amy olió que el viento cambiaba de dirección y abandonó a su antiguo referente para cobijarse bajo el ala de Andrés Ojeda.
Fue el propio Ojeda quien, en medio de la interna del Partido Colorado y la búsqueda de piezas para su tablero, terminó acomodándolo en el directorio de OSE. Un «favor» político que hoy nos cuesta caro a todos los contribuyentes. Es la vieja política disfrazada de renovación: se reparten los entes públicos como si fueran trofeos de guerra para pagar lealtades efímeras.

El Director que «pisa el palito» en Trinidad
Pero el que nace para acomodado, difícilmente respete las reglas. Recientemente, Amy fue denunciado por participar en una reunión política en Trinidad (Flores), algo que tiene estrictamente prohibido por su condición de director de un ente autónomo. La Constitución es clara, pero parece que para Amy las leyes son simples sugerencias.
El caso ya está en la Corte Electoral. ¿Qué hacía un director de OSE, que debe velar por el agua de todos los uruguayos, metido en una rosca política partidaria? La respuesta es sencilla: no sabe hacer otra cosa. Vive para la política menor, para la reunión de comité y para asegurar su próximo sueldo público.
Un fantasma en Mercedes
Lo más indignante para el pueblo de Soriano es que este hombre, que se dice representante de la zona, ni siquiera vive en Mercedes. José Amy es un «general sin tropas». No tiene un solo voto propio que respalde su sillón. Su capital político es el silencio de quienes lo apañan y la lapicera de Ojeda que lo firmó en el cargo.
Mientras el Partido Colorado se desangra en peleas internas, personajes como Amy siguen disfrutando de las mieles del poder, los viáticos y los choferes, lejos de la realidad de la gente que sí trabaja.
Desde El Bocón lo decimos clarito: la política uruguaya necesita una limpieza profunda de estos «profesores del acomodo». No basta con denunciarlos en la Corte Electoral; hay que denunciarlos ante la gente. El agua de OSE podrá estar turbia, pero el comportamiento de José Amy es, directamente, transparente en su ambición.
















