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El derecho a nacer con dignidad: La responsabilidad es de los padres…

Por Mirtha Susana Lencina.-

Traer un hijo al mundo debería ser un acto de amor absoluto, pero sobre todo, un acto de profunda responsabilidad. Lamentablemente, vemos a diario una realidad que duele: familias que se siguen agrandando en contextos donde falta lo más básico. No falta solo el «plato de comida» o un par de championes; falta la conciencia de entender que una criatura no elige venir a pasar necesidades.

El deseo no puede estar por encima de la razón. Es fundamental que, tanto hombres como mujeres, aprendamos a usar la cabeza antes de dar un paso que cambiará la vida de un ser inocente. El sexo es parte de la vida, sí, pero no puede ser el único motor cuando no hay herramientas para asegurar que ese niño tenga una vida digna, salud y educación.

No se trata de juzgar la humildad, sino de cuestionar la falta de previsión. No se puede pretender que sea el Estado quien resuelva lo que nosotros, como adultos, no supimos planificar. Quejarse de que «la plata no alcanza» mientras se siguen sumando bocas a una mesa que ya está vacía es, como mínimo, una contradicción que termina pagando el más débil: el niño.

Antes de satisfacer un deseo personal, hay que pensar en el futuro de esas criaturas. Ser padres es un privilegio que exige madurez, no un proceso automático donde se traen hijos al mundo para que crezcan a la deriva. Primero la dignidad de los hijos, después todo lo demás.

Basta de excusas y de mirar para el costado. Traer un hijo al mundo para que herede la miseria y el abandono no es un derecho, es una irresponsabilidad que raya en la crueldad. El Estado puede asistir, pero no puede reemplazar el sentido común ni el corazón de un padre. Si no sos capaz de asegurar un plato de comida y un futuro digno, entonces tené la decencia de no condenar a un inocente a pagar por tus errores. La pobreza se puede combatir, pero la falta de conciencia es una herencia imperdonable.

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