RECIBIMOS Y PUBLICAMOS
Cuando quienes deberían cuidar al personal gobiernan con síndrome de Hubris y felonía, el desprecio hacia los funcionarios —tanto policías como operadores— se vuelve evidente. Cuando el sistema asfixia y ya no queda a quién recurrir ante tantas arbitrariedades, la certificación médica aparece como la única salida. No es una solución, es verdad; es un grito de auxilio que a los superiores parece no interesarles. Les conviene una fuerza diezmada para facilitar su «reinado» y perpetuar las injusticias.
Han decidido incinerar el recurso más preciado: el factor humano. No administran esta Unidad con inteligencia, pues han dejado de lado la integridad de hombres y mujeres, vistan de azul o de gris.
A continuación, cito solo algunas de las irregularidades que vemos y callamos por temor a represalias:
1. Trato despectivo: El Comando se refiere de forma humillante tanto a policías como a operadores.
2. Ocultamiento de hechos graves: Tras la agresión de un PPL a un policía, la información elevada a la Dirección Nacional del INR fue tergiversada y minimizada.
3. Usurpación de funciones: Un operador (afín al comando) conduce móviles policiales y utiliza prendas oficiales de uso exclusivo, como el chaleco balístico.
4. Maltrato al público: Cierto personal, sintiéndose respaldado por la jerarquía, destrata a los familiares que ingresan a las visitas.
5. Inseguridad extrema: En la guardia interna nocturna, ha llegado a haber un solo efectivo para la custodia de 730 PPL.
6. Sobrecarga y ocio selectivo: Un solo operador suele quedar a cargo de dos o tres pisos simultáneamente, mientras otros «calientan sillas» cumpliendo funciones ajenas a su cometido.
Lo citado es apenas una gota de agua en el mar. El maltrato es el lenguaje cotidiano de una jerarquía cómplice que presiona y hostiga. Las frases más comunes en los pasillos son: “cumplí tus horas y andate tranquilo a tu casa” o “acá tenés que ser ciego, sordo y mudo”. De esa forma eliminan el contralor; quien se anima a señalar lo que está mal es acosado hasta el cansancio, dejando la certificación médica como única vía de escape.
Al salir exhaustos, a nadie le interesa nuestro bienestar. El ciclo de cansancio, irritabilidad y conflicto familiar se repite sin fin.
Me pregunto: ¿Hasta cuándo seguiremos así? ¿Será que nadie quiere hacerse cargo de esta Unidad porque está contaminada por las gestiones anteriores? No queremos callar. Exigimos mejoras para ambas partes y que se termine, de una vez por todas, la política barata que destruye nuestra labor.
















