Por Jorge Bonica Sierra.- Desde Rivera
Una situación insostenible se vive en la cárcel de Rivera.
Desde hace tres días, un grupo de presos intenta tomar como rehén a un funcionario policial. Ayer, en uno de estos intentos, terminaron forcejeando con un efectivo que, tras ser empujado en lucha cuerpo a cuerpo con recluso, sufrió un fuerte golpe en la cabeza.
El funcionario presentaba un sangrado abundante y debió ser rescatado por dos compañeros. Se encontraba aturdido —»abombado»— y fue sacado por una escalera casi a rastras. Tras recibir los primeros auxilios, y dada la gravedad de la herida, fue trasladado de urgencia al sanatorio de CASMER para su atención.
Al enterarse, los dirigentes del sindicato en Rivera concurrieron al sanatorio, donde pudieron hablar con el afectado y recoger su versión de los hechos.
¿Ocultamiento de información?
La Dirección de «El Carancho» informó a la directora nacional del INR sobre lo acontecido; sin embargo, lo curioso es que la versión oficial difiere radicalmente de la realidad. En el informe elevado a la Dra. Ana Juanche se habría restado importancia al incidente, alegando que el policía simplemente «se resbaló porque el piso de la escalera estaba mojado», una afirmación absolutamente falsa.
¿Por qué el comando de la cárcel le miente a la directora?
Podemos presumir que es para «cuidar su gestión». Lo cierto es que el relato del funcionario lesionado en el cuerpo a cuerpo con los reclusos es totalmente distinto. El sindicato, tras recoger el testimonio del trabajador, emitió un informe contundente del cual reproducimos un segmento textual:
“Es fundamental aclarar que NO se trató de un resbalón ni caída por el piso mojado, como se podría haber interpretado erróneamente. Lo ocurrido fue consecuencia directa del enfrentamiento y la fuerza empleada para controlar la situación, tal como lo relata el propio informe policial y lo verificamos in situ”.
El «NO» en mayúsculas es textual del comunicado.
LA VERDAD DE LA MILANESA DE LO QUE OCURRE REALMENTE
Como siempre en El Bocón, vamos a dar la información que nadie se atreve a publicar: la seguridad en la cárcel de Rivera pende de un hilo debido a una falta grosera de personal. Entre jubilaciones y certificaciones por el estrés de trabajar en condiciones paupérrimas, la dotación es insuficiente.
Actualmente hay aproximadamente 700 reclusos y, por turno, no hay más de cinco policías. Es una desproporción insólita. Incluso ha habido turnos cubiertos por solo dos funcionarios, ya que el resto debe cumplir tareas de custodia para presos que salen a trabajar o traslados al juzgado. En la práctica, la cárcel queda en manos de los internos.
¿Qué actitud toman el director y el subdirector?
Fuentes del establecimiento aseguran: «Están dedicados a la gestión administrativa para que su calificación sea perfecta». Además, agregan que las promesas de nuevos ingresos no se cumplen: «Nos han dicho que vendrían 10 nuevos funcionarios, pero pasa el tiempo y es una promesa más».

CONCLUSIÓN NECESARIA
Es inconcebible que la dirección minimice este peligro y «dibuje» los hechos ante la Dra. Juanche, falseando un incidente gravísimo. Esto amerita una investigación administrativa inmediata y el envío urgente de personal. Es imposible que cinco policías controlen a casi 700 reclusos; es una bomba de tiempo.
En Rivera todos recordamos la muerte de un funcionario por un disparo en la cabeza. ¿Van a esperar a que algo así vuelva a ocurrir? El cambio de dirección debería acompañar una reestructuración profunda en lugar de seguir jugando con fuego. Mientras tanto, funcionarios riverenses en Montevideo piden traslados por razones familiares (como enfermedades de sus padres) y se les niega.
Esperemos que se actúe de inmediato.
Que no sea tarde.

















