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¿ODDONE DE LOS DOS LADOS DEL MOSTRADOR?

Por Jorge Bonica Sierra.- Desde Rivera, 03 de Abril 2026

Precintos, OEC y el «Club VIP» de la Aduana

¿Facilitación o negocio para pocos?

Mientras desde el piso de arriba del Gobierno nos venden el verso de la “facilitación del comercio”, en la cancha de abajo la realidad es otra: se está armando un sistema de ganadores y perdedores con nombre y apellido.

Hoy, operar en comercio exterior en Uruguay no es parejo para nadie. Si no sos del «Club VIP» (lo que técnicamente llaman Operador Económico Calificado – OEC), te toca poner la tarasca: unos 170 dólares de precinto electrónico por cada operación.

Pero si tenés el carnet de socio OEC, no solo te ahorrás esa plata, sino que además pasás por la Aduana como por un tubo, sin que nadie te mire mucho los papeles.

Traducción para el que no entiende: unos pagan peaje y hacen fila; otros pasan gratis y por la vía rápida. El OEC: Un estándar internacional con «peaje» local.

Nadie dice que el régimen OEC esté mal en los papeles. El problema es quién puede entrar a ese baile. Para ser OEC no alcanza con ser derecho; necesitás sistemas de gestión carísimos, auditorías, manuales técnicos y procesos que a una PYME la dejan fuera de juego antes de empezar.

¿Y quién te ayuda a «llegar»?

Ahí es donde aparecen las consultoras privadas. El negocio es redondo: para que el Estado te dé beneficios, primero tenés que pagarle a un privado para que te prepare el terreno.

Pagás para entrar, o pagás para operar. De cualquier forma, alguien factura.

Consultoras y Aduana:

¿Juez o parte? Acá es donde la cosa se pone espesa. No estamos hablando de cuatro locos en un garaje. Hay consultoras de renombre que asesoran empresas, acompañan los trámites ante la Aduana y, «casualmente«, se las ve en todos los eventos y fotos junto a las autoridades que regulan el sistema.

No solo están en el negocio… duermen adentro del sistema.

El «Efecto Puerta Giratoria»

Y como en Uruguay nos conocemos todos, hablemos de política. El actual Ministro de Economía, Gabriel Oddone, hasta hace dos minutos (2023, para ser exactos) era el socio director de CPA Ferrere. ¿A qué se dedica esa firma, entre tantas cosas? Bingo: a este tipo de procesos de consultoría. Que quede claro: nadie dice que sea ilegal.

Pero la pregunta cae por su propio peso: ¿Es sano que quien hoy tiene la lapicera para regular el sistema venga de la firma que lucra con el mismo ecosistema?

No es un tema personal, es un tema de transparencia institucional que hace ruido por todos lados.

El precinto: El «impuesto» que no es impuesto

Hay un detalle que a muchos se les escapa: el precinto electrónico no es un impuesto. Esa plata no va para las escuelas ni para los hospitales. Lo cobran privados. Pero atención: es obligatorio.

Entonces, que alguien nos explique: ¿Desde cuándo el Estado tiene la potestad de obligarte a contratar a un privado para poder ejercer tu derecho a trabajar?

Es un monopolio encubierto con aroma a regulación técnica.

Un sistema que huele raro

Lo que se está cocinando —sin mucho ruido pero con mucha maña— es un modelo donde:

1. Los beneficios son para el que tiene billetera para cumplir requisitos complejos.

2. Esos requisitos se cumplen pagando asesorías caras.

3. El que no puede pagar, queda pedaleando en el barro y pagando más caro cada despacho. No será ilegal, pero de «neutral» no tiene nada.

La verdad de la milanesa

Modernizar el comercio exterior es necesario, claro que sí. Pero la pregunta que nos hacemos acá es otra: ¿Estamos modernizando para el país, o estamos armando un corralito de privilegios para los que pueden pagar la entrada?

Cuando las reglas generan ventajas solo para los amigos del sistema, el problema dejó de ser técnico hace rato.

Es político, es ético y, más temprano que tarde, va a ser un lío jurídico.

¡A otro perro con ese hueso!