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El arte de la joda legalizada: Cómo ponerle un huevo a cada candidato…

Por Jorge Bonica Sierra.- 

Acá no hay ideologías, muchachos. Acá lo único que es verde es el billete.

Si alguna vez te preguntaste cómo hacen las grandes empresas para que las leyes salgan justo con la forma de su negocio, la respuesta no está en la filosofía política; está en la milenaria y rioplatense táctica de ponerle un huevo a cada canasta. Imaginate la jugada: tenés un negocio tecnológico, se viene el balotaje en Uruguay y la moneda está en el aire.

¿Qué hacés? ¿Te la jugás por uno? Ni loco.

Eso es para los giles que militan gratis. Los que juegan en primera le financian la fiesta a los dos que tienen chances de ganar.

Así, no importa quién se ponga la banda presidencial, el que gana siempre sos vos. Pero claro, como no son tan tarados de dejar los dedos pegados directamente en la Corte Electoral, la joda se hace bajo cuerdas. Usan a las filiales, a los proveedores, a la empresa que les desarrolla el sitio web y la pasarela de pagos.

Una triangulación perfecta para que los nombres de los dueños queden limpios, pero los favores queden bien anotados en la agenda del futuro presidente.

Los números de la avivada: Facturas idénticas, billeteras repartidas Los registros oficiales de la Corte Electoral de Uruguay no mienten, por más que intenten disfrazarlos de «prácticas habituales del ecosistema empresarial».

El desglose de la rendición de cuentas de las elecciones pasadas expone una contradicción hermosa que califica como una devolución de favores económicos hecha y derecha. La empresa Infotin S.A. —la firma especializada en software que le desarrolla y gestiona toda la compleja estructura de e-commerce y plataforma logística a Tiendamia— se encargó de aceitar los dos motores de la política uruguaya en la misma semana de septiembre de 2024: •

El 3 de septiembre de 2024 (Recibo 0004): Le encajaron $820.000 pesos uruguayos a la campaña de Álvaro Delgado (Partido Nacional). • El 6 de septiembre de 2024: Solo tres días después, le depositaron $600.000 pesos uruguayos a la campaña de Yamandú Orsi (Frente Amplio).

En limpio: Casi un millón y medio de pesos repartidos entre la izquierda y la derecha.

Financiamiento multipartidario le dicen los finos; «comprar el diario de mañana» le llamamos en el barrio. No importaba si ganaba el FA o el PN, el desarrollador tecnológico de Tiendamia ya había dejado el diezmo pago.

Hecha la ley, armado el negocio ¿Y cómo se cobra esta «inversión»?

Muy simple: con la lapicera del Estado. El escándalo explota cuando, casualmente, después de estas generosas donaciones de los proveedores del e-commerce, se expide una modificación en la ley de compras web que parece redactada por el mismísimo contador de la empresa. L

a jugada maestra fue burda: le clavaron impuestos a las compras que vienen de China, pero dejaron libres de culpa y cargo a las que vienen de Estados Unidos.

¿A quién beneficia esto de forma directa y obscena?

A Tiendamia, cuyo modelo de negocios vive, respira y factura trayendo paquetes desde Miami. Al cortarle las piernas a la competencia directa de las plataformas chinas mediante impuestos, el Estado uruguayo terminó usándole el camión de mudanzas a una corporación privada para limpiarle la calle de competidores.

No vas a encontrar la firma de los fundadores individuales de Tiendamia, ni la de su razón social corporativa (Xipron Inc.), en las listas de aportantes. Son vivos.

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Pero la cadena de favores es tan obvia que asusta. Usaron a su brazo tecnológico como testaferro electoral para asegurarse de que, ganara quien ganara, el monopolio de las cajas que llegan del norte siguiera siendo un negocio redondo. Una joda total, a la vista de todos, legalizada en el Parlamento y financiada en cómodas cuotas de tres días de diferencia.