Por Jorge Bonica Sierra.-
Mientras un jubilado tiene que vivir con limosnas de $18.000, los jerarcas del Banco de Seguros del Estado tiraron la casa por la ventana con la plata de todos los uruguayos. ¡Son unos hijos de puta sin escrúpulos!
Es para indignarse, para romper todo. No hay otra palabra que defina lo que hicieron estos señores del Banco de Seguros del Estado (BSE). A fin de año, mientras el país labura y la gente se rompe el lomo para llegar a fin de mes, ellos decidieron que era una excelente idea gastarse la friolera de $6.400.000 en una fiestita.
Sí, leyó bien: ¡160.000 DÓLARES!
Metieron a 1.200 invitados a comer y beber de la rica, pagado con los impuestos y el esfuerzo de cada uno de nosotros. Es un disparate, una falta de respeto total a la realidad que vive el Uruguay de a pie.
La cuenta que da asco
Hagamos números para que a estos caraduras les de un poco de vergüenza (si es que conocen esa palabra):
• Un jubilado que gana una mínima de $18.000, tendría que pasar 30 años enteros sin tocar un solo peso, sin comer, sin pagar la luz ni los remedios, para poder juntar lo que estos señores se patinaron en una sola noche de baile y canapés.
• ¡Es una vida entera de sacrificio contra una noche de borrachera institucional!
¿Con qué cara miran a la gente? ¿Cómo pueden dormir tranquilos sabiendo que hay uruguayos contando las monedas para comprar el pan, mientras ellos autorizan un gasto de esta magnitud para «festejar»? No tienen perdón de Dios.
¡Basta de joda con la nuestra!
Esto no es solo un gasto excesivo, es una cachetada de frente a la ética pública. Es la demostración de que viven en una burbuja, lejos de las ferias, lejos de las colas en los policlínicos y lejos del mostrador donde el jubilado tiene que elegir si compra la carne o los medicamentos.
Desde El Bocón, lo decimos como hay que decirlo: ¡Son unos sinvergüenzas! El dinero público es sagrado, y usarlo para banquetes faraónicos es una actitud criminal. No vamos a callar ante este robo legalizado.
Que lo sepan bien: acá no hay «protocolo» que valga cuando lo que sobra es soberbia y lo que falta es decencia.
¡Vayan a laburar y devuelvan la guita!
















