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LOS TRES MOSQUETEROS DE LA FARSA: ¿JUSTICIA O CIRCO POLÍTICO?

por Jorge Bonica Sierra.-

La política uruguaya está gangrenada por personajes que, bajo el disfraz de la institucionalidad o el compromiso ciudadano, han demostrado que su única lealtad es a su propio bolsillo y a su conveniencia. Hoy, el foco está en tres nombres que, por sus acciones recientes, han quedado marcados como los grandes farsantes de nuestra democracia: Gabriela Fossati, Gustavo Zubía y Valeria Ripoll.

Fossati: La «generosidad» que terminó en premio

La ex fiscal Fossati pasará a la historia no por sus logros judiciales, sino por su increíble «generosidad» con el poder. Cuando el caso Astesiano estalló y salpicó las raíces mismas de Torre Ejecutiva, ella decidió mirar para otro lado. ¿Alguien se olvida que no tuvo el coraje ni la voluntad de incautar el celular del Presidente?

Esa omisión fue la llave maestra que salvó al gobierno. Pero el remate es lo que indigna a cualquier ciudadano de a pie: renunció a la Fiscalía, se quitó la careta y saltó directo a las filas del Partido Nacional, el mismo partido que ella se encargó de blindar. Un premio cantado para quien supo ser funcional a los intereses del sistema.

Zubía: El mercenario de la política

Si de oportunismo hablamos, Gustavo Zubía se lleva el trofeo. Tras una vida cobrando del Estado como fiscal, se jubiló y, en lugar de descansar, se convirtió en un panelista de televisión profesional, ofreciéndose al mejor postor.

¿Quién puede olvidar su paso por el Partido de la Gente, donde el bolsillo mandó y se llevó 110.000 dólares para «sumarse»? Cuando el negocio no prosperó, abandonó a Novick como quien cambia de camisa. Luego fue tras la sombra de Manini Ríos, buscando desesperadamente la vicepresidencia, hasta que finalmente aterrizó en el Partido Colorado, donde hoy se acomoda como Senador. Un verdadero mercenario de la política que cambia de bandera según sople el viento de la ambición.

Ripoll: La «trabajadora» que vive de comisión en comisión

La frutilla de la torta es Valeria Ripoll. Funcionaria municipal, pero con una capacidad asombrosa para no pisar la Intendencia. Primero, el diputado Lerma la sacó a comisión; después, en febrero, el senador Moreira hizo lo propio. Resultado: no trabaja un solo día, pero el sueldo a fin de mes no le falta.

¿Dónde se la ve? En el set de Esta Boca es Mía, haciendo el trabajo sucio: defendiendo a ultranza al Partido Nacional y atacando al Frente Amplio con la misma intensidad con la que evita marcar tarjeta. Una funcionaria que vive de los impuestos de la gente mientras se dedica a ser operadora política de tiempo completo frente a las cámaras.

Tres caras, una misma moneda. Personajes que han convertido el servicio público en un escenario de teatro barato. La pregunta es: ¿hasta cuándo el uruguayo va a seguir comprando este humo?