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El Caso Cardama: Crónica de una estafa anunciada y un baile judicial que recién empieza

Por Jorge Bonica Sierra.-

La verdad sale a la luz y el caso Cardama —ese monumento a la desidia y la corrupción que ha tenido a mal traer las arcas del Estado— llega a una instancia crucial. No estamos hablando de un error administrativo; estamos hablando de un escándalo de marca mayor donde las garantías presentadas eran, lisa y llanamente, truchas.

Lo que investigamos desde este espacio queda más claro que nunca: Cardama es una empresa de papel. No existía domicilio real, no existía respaldo; era un esquema vacío diseñado para engañar al Estado. Ante esto, hoy se amplía la denuncia iniciada por el Dr. Jorge Díaz en nombre del Ejecutivo, y la justicia tiene la oportunidad de dejar de mirar para otro lado.

Los nombres y las sombras

¿Quiénes son los responsables? Esa es la pregunta que todos nos hacemos. La mira está puesta directamente sobre Javier García, quien aparece como el actor más comprometido en este entuerto. La responsabilidad política no se puede esquivar cuando los hechos apuntan a un manejo tan turbio de recursos públicos.

Y en este tablero de ajedrez, encontramos a otro protagonista: Armando Castaingdebat. Fue él quien firmó el contrato tras sustituir a García en el Ministerio de Defensa. Sin embargo, nuestro equipo ha podido constatar que en el entorno de Castaingdebat hay una indignación profunda. Sus allegados aseguran que se “comió un garrón”, una frase que resuena con la fuerza de quien se siente usado para cerrar un trato viciado de origen.

Pero el núcleo duro de nuestra investigación no se queda solo en la firma; estamos sobre la pista de algo mucho más oscuro: se investiga activamente la existencia de coimas. ¿Quiénes se beneficiaron de este reparto? ¿Quiénes son los cómplices en las sombras?

En agosto comienza el verdadero baile judicial. Desde este medio, seguiremos adelante con la frente en alto, desenmascarando a quienes creen que pueden seguir jugando con la confianza de la gente. La impunidad, al menos aquí, no tiene lugar.