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¿Sigue siendo Uruguay una democracia?

La existencia de partidos políticos en competencia, las elecciones regulares en el tiempo, el sufragio universal, el relevo de mandos, no garantizan una verdadera democracia. Son pantallas formales que esconden al villano: la imposición ideológica y el totalitarismo.
Por vía democrática muchos dictadores han llegado al poder. La democracia ha sido el instrumento, el vehículo, de dictadores como Chavez, que prometían libertad y propiedad, de Hitler y Castro.
Una democracia consolidada requiere instituciones responsables, controles efectivos, transparencia, igualdad ante la ley, ciudadanos que influyan en las decisiones y castigos por obrar mal en la gestión pública.
¿Cuánto de eso permanece vigente en el Uruguay contemporáneo?
Sin temor a equivocarme diría que nada.
Ergo, Uruguay no es una democracia.
Lo que si existe es una burocracia insoportable que quita libertad a los ciudadanos, un exceso de regulacion, un Estado cada vez mas grande y que gasta mas, una concentración de poder político, una ciudadanía cada vez más distante de los centros de decisión y a instituciones que se han convertido en programas partidarios.
Esa es la democracia de Uruguay hoy. Inexistente. Impávida. Inerte.
Políticos demagogos que se postulan para dirigir vidas ajenas y hombres masas que los votan.
Eso sí: ¡¡tenemos elecciones!! Y para nosotros ya es suficiente para concluir que “somos una democracia”.
Pero no es suficiente.
Nuestra democracia va muriendo gradualmente, cada año un poquito más, siempre un poco mas decadentes, mas empobrecidos y faltos de libertad para emprender y crecer, y en breve hasta para hablar. La libertad de expresión es el engranaje clave de una democracia y nuestros políticos ya están pensando en regularla (¡pero ojo! es por nuestro bien, siempre por nuestro bien).
Uruguay va en un proceso inevitable de debilitamiento democrático, una fatiga democrática que ha perdido todo lo que alguna vez la distinguió.