Por Jorge Bonica Sierra.-
A ver si nos entendemos, Ministro. Que desde los despachos con aire acondicionado de la calle Colonia todo se ve muy lindo, pero la realidad del uruguayo de a pie, la del que labura, la del que produce, es una comedia de terror.
Salió el flamante Ministro de Economía, Diego Oddone, a mirar con lupa el mercado de los autos eléctricos. Y claro, la tentación de la billetera estatal es grande: ven una rendija por donde la gente respira y ya les tiembla la mano por meter un impuesto, un arancel o un «ajustecito» regulatorio.
Pero pongamos las cartas sobre la mesa, Ministro. Uruguay no tiene un mercado automotor normal. Lo que tenemos es un asalto a mano armada con patente de corso.
El club del sobrecosto: ¿Hasta cuándo vamos a pagar el delirio?

Comprarse un auto en este país no es un derecho, es un milagro. Y mantenerlo, un acto de heroísmo. Nos cobran por respirar arriba de las cuatro ruedas:
Impuestos y aranceles de pánico: Pagamos los autos a precio de oro solo para financiar el barril sin fondo del Estado.
Combustibles premium a precio de champán: El gasoil y la nafta más caros de la región para bancar ineficiencias que nadie se anima a cortar.
La joda de los repuestos y las patentes: Romper una óptica es sacar un préstamo, y la patente anual parece el alquiler de un monoambiente.
Intermediaciones protegidas: Un sistema armado para que ganen los de siempre, los amigos del poder y los que cazan adentro del zoológico.
El auto eléctrico no es un capricho de chetos, es una grieta en el muro
Ministro Oddone, entienda esto de una vez: el auto eléctrico en Uruguay no apareció como un capricho de ricos que quieren caretear ecología. ¡No sea ingenuo!
El auto eléctrico apareció como una grieta en el muro fiscal. Fue la única ventanita que encontró el uruguayo medio, el comerciante, el distribuidor y el laburante, para escapar de una trampa que hace décadas encarece moverse, trabajar, producir y transportar.
La gente no compra eléctrico por «conciencia verde», compra eléctrico porque está harta de que el Estado le chupe la sangre en cada estación de servicio y en cada Aduana. Fue la legítima defensa del bolsillo popular contra el acoso de la DGI y el Ministerio de Economía.
El veredicto de El Bocón:
Si el plan de este Ministerio es empezar a cerrarle las canillas de alivio a la gente para seguir inflando las cajas del Estado, van por mal camino. Ministro Oddone, no busque recaudar más donde la gente encontró un respiro. Lo que tiene que hacer es tirar abajo el muro entero. Dejen de asfixiar al que produce, que el Uruguay ya no aguanta un impuesto más disfrazado de «regulación».
¡Cortemos la joda!















