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PEÑAROL SECUESTRADO: ENTRE UN PRESIDENTE BARRA BRAVA, UN TÉCNICO CAGÓN Y UNA MENTIRA DE 10 MILLONES

Por Fulbito.-

El Club Atlético Peñarol, esa institución que supo ser la envidia del continente, hoy está en manos de dos tipos peligrosos y sospechosos. Lo que estamos viviendo no es solo una crisis deportiva; es un vaciamiento ético y dirigencial que da asco. Tenemos un presidente impresentable, que se maneja con códigos de barra brava y que le ha hecho un daño irreparable al club, rompiendo relaciones con la AUF y con la CONMEBOL. ¿Hay que ser tarado o ignorante para aislarnos así del mundo?

La farsa de Leo Fernández

Hablemos de fútbol, si es que a lo que hace este muchacho se le puede llamar así. Leo Fernández es una mentira absoluta. Es un jugador «pizarrero», un cagón que cobra un platal totalmente inmerecido. Fracasó en cada equipo que pisó: tuvo chispazos en México y un fracaso rotundo en Brasil.

Su nivel actual es paupérrimo. Desaparece del partido, no colabora, es mal compañero y, para colmo, se dedica a insultar a sus propios colegas en la cancha. Destruye cualquier estrategia colectiva porque solo juega para él. Hasta su única virtud, los tiros libres, se le esfumó. El presidente quiso fabricar un «ídolo» a la fuerza, pero a Peñarol no se lo engaña: nuestros ídolos eran hombres con los huevos bien puestos, no jugadores que tiemblan antes de patear un penal. Errar dos penales en un clásico es lapidario y marca el tamaño de su «pecho frío».

Aguirre: El especialista en el miedo

Y en el banco tenemos a Diego Aguirre. Siempre fue un entrenador defensivo, timorato y conservador. Un especialista en destruir delanteros; a los punteros los transforma en laterales. Se ha pasado la vida viviendo de su «culo» (suerte), pero la suerte se termina. Ya nos arruinó la final de 2011 en nuestra propia casa por salir a defenderse como un cuadro chico.

A este «anormal» de presidente no se le ocurrió mejor idea que renovarle por 120.000 dólares por mes. Un tipo que ya nos clavó una vez por plata y que ahora seguiremos pagando por años.

Una dirigencia que da asco

La oposición no se queda atrás: son todos impresentables. Hacen politiquería barata pensando solo en las próximas elecciones mientras el club se hunde. Necesitamos una renovación de raíz, gente con ideas y creativa como lo fue Washington Cataldi, que llegó a hipotecar su propia casa por el club.

Hoy, la opacidad es total. ¿Con qué dinero el presidente saldó su deuda incobrable con el Banco República? Es una pregunta que exige respuesta inmediata. Los socios deben exigir una auditoría externa y, de ser necesario, una denuncia penal. Peñarol es de su gente, no de estos personajes sospechosos que se creen dueños de la gloria ajena.