Por: Jorge Bonica Sierra
En el Uruguay de los «ajustes», de los combustibles por las nubes y de las jubilaciones de hambre, existe una burbuja donde la crisis no entra. Se llama Residencia Presidencial de Suárez y Reyes. Allí, Luis Lacalle Pou vivió cinco años como un verdadero monarca, mientras su patrimonio personal pegaba un salto de 6 millones de pesos.
¿Cómo hizo para ahorrar tanto? Fácil: vivió gratis a costa de todos nosotros.
El «All Inclusive» del Poder
Mientras usted tiene que elegir entre pagar la luz o comprar los remedios, el Presidente en la Residencia de Suárez no sacó la billetera ni para comprar un litro de leche.
• Costo Cero: Ni luz, ni agua, ni gas, ni internet, ni impuestos inmobiliarios. Todo, absolutamente todo, salió de las arcas del Estado.
• La Heladera Llena: La comida de la mejor calidad, las bebidas y hasta los insumos de limpieza para su casa corrieron por cuenta de Juan Pueblo. Así cualquiera ahorra el sueldo de $450.000.
El Ejército de Sirvientes: ¿Cuántos eran?
Pero lo que indigna de verdad es el personal que Lacalle Pou tuvo a su disposición. No era una casa de familia, era un hotel cinco estrellas con un staff de lujo que usted pagó:
• Cocineros de elite: Disponibles para que el menú fuera a la carta.
• Mucamas y limpieza: Para que el Presidente no tuviera que levantar ni una media del piso.
• Jardineros: Manteniendo los parques impecables para las fotos de las redes sociales.
• Cuidadores de perros: ¡Hasta el bienestar de las mascotas presidenciales fue financiado por el Estado! Mientras hay gente que no tiene para darle de comer a sus hijos, en Suárez había personal pagado para pasear y cuidar a los perros del mandatario.
• Personal para los hijos: En su momento, el despliegue de seguridad y asistencia para su familia incluyó hasta lo que muchos señalan como niñeras encubiertas bajo el título de «asistentes».
La estafa moral
El ahorro de Lacalle Pou no es fruto del esfuerzo, es fruto del privilegio absoluto. Entró con $16 millones y sale con $22 millones porque no tuvo que gastar un solo peso de su sueldo para sobrevivir. Vivió como un millonario con la plata de los pobres.
Es una estafa moral que, mientras se le pide austeridad a los viejos, el primer mandatario tenga un séquito de sirvientes para cuidarle hasta los perros. En la Torre Ejecutiva y en Suárez se vive en otro planeta, un planeta donde no existe el fin de mes y donde el servicio doméstico lo paga el que menos tiene.
¡Basta de joda! Es hora de que el próximo que entre a Suárez pague su comida y el cuidado de sus perros como lo hace cualquier hijo de vecino.


















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