La deriva demencial de Gustavo Salle: ¿Hasta cuándo el silencio cómplice?
Por: Jorge Bonica
El sistema democrático uruguayo, históricamente reconocido por su civismo y el respeto a sus instituciones, atraviesa hoy una de sus horas más oscuras. No por la falta de debate, sino por la degradación absoluta del mismo en boca de quien hoy ocupa una banca en la Cámara de Diputados: Gustavo Salle.
En declaraciones vertidas recientemente en el programa radial de CX22 Radio Universal, el líder de Identidad Soberana ha cruzado una frontera de la que no hay retorno. Al referirse al tratado entre la Unión Europea y el Mercosur, Salle no se limitó a una crítica técnica o ideológica —derecho legítimo de cualquier legislador—, sino que descendió al terreno de la injuria criminal más abyecta.
Una afrenta a la República
Calificar un acuerdo internacional como el «tratado de los perversos pedófilos» y asociar directamente al Presidente de la República, Yamandú Orsi, y al Canciller, con redes de abuso y matanza de menores vinculadas a la isla de Jeffrey Epstein, no es solo una «locura» o un exabrupto. Es una pieza de retórica incendiaria que violenta la sensatez y la historia de nuestra diplomacia.
Estamos ante un parlamentario que:
1. Viola el reglamento de la Cámara: Desconoce el decoro que exige su investidura.
2. Daña la imagen internacional: Expone a Uruguay en el concierto de naciones al vincular acuerdos comerciales legítimos con crímenes de lesa humanidad.
3. Dinamita el respeto institucional: Acusar sin pruebas de «asesinos y violadores de niños» a las autoridades electas es un acto de irresponsabilidad civil que no tiene cabida en una democracia sana.
La parálisis del Parlamento
Lo que resulta realmente perplejo —y preocupante— es el silencio de sus pares. ¿Cómo es posible que el Parlamento uruguayo permita que un legislador utilice micrófonos nacionales e internacionales para esparcir estas calumnias sin ser interpelado de inmediato? La inmunidad parlamentaria no puede ser un cheque en blanco para el libertinaje de la infamia.
La figura presidencial y el Ministerio de Relaciones Exteriores representan a la Nación toda. Al ensuciarlos con acusaciones de pedofilia y criminalidad, Salle no solo ataca a las personas, ataca al Estado uruguayo.
Desde estas páginas, subrayamos y criticamos duramente esta conducta. La política es el arte del disenso, pero lo que Salle está haciendo es otra cosa: es una farsa peligrosa, un circo de odio que Uruguay no se merece y que el Parlamento no debería tolerar ni un minuto más sin consecuencias.














