Más de un millón de uruguayos bajo la línea de la dignidad, 5.000 compatriotas durmiendo en las veredas y miles de comercios bajando la persiana para siempre. Mientras tanto, en el Palacio Legislativo, la «casta» se prepara para un verano de lujo pagado por usted. ¿Hasta cuándo vamos a aguantar?
Escribe: Jorge Bonica Sierra.-
La situación ya no es crítica, es insostenible. Caminar por nuestras calles es ver la postal de un país que se desmorona: más de 5.000 uruguayos hoy no tienen un techo y duermen sobre un cartón, invisibles para un sistema político que solo los recuerda cuando necesita un voto.
¿Cómo le explicamos al jubilado que cuenta los pesos para comprar un remedio, o al pensionista que vive en la indigencia, que un legislador cobra partidas de «prensa» y «celular» que superan lo que ellos ganan en todo un mes? Es una bofetada en la cara de los que trabajaron toda la vida para terminar mendigando dignidad.
El cementerio de comercios y el peso del Estado
No solo sufre el que no tiene trabajo. El pequeño comerciante, el motor del país, está siendo asfixiado. Miles de comercios han cerrado sus puertas en los últimos años porque es imposible competir contra un Estado voraz. Las tarifas de luz y agua son confiscatorias y los impuestos son una soga al cuello que no deja respirar.
El comerciante cierra, se queda sin nada y se suma a la fila de los desocupados, mientras los senadores y diputados —esos que nunca pagaron una factura con miedo a que les corten el servicio— se votan a sí mismos privilegios de otro planeta.
La estafa de las «vacaciones pagas»
Mientras usted se pregunta cómo va a pagar la próxima factura, a partir del 15 de diciembre los legisladores se retiran a sus cuarteles de invierno (o de verano, mejor dicho) hasta marzo. Pero no se equivoque: siguen cobrando cada peso.
• Salarios de privilegio.
• Gastos de representación.
• Partidas para secretarios y bancadas.
• ¡Hasta les pagamos el correo y el celular!
Es un despilfarro mayúsculo que ocurre bajo nuestras narices. Lacalle Pou prometió «aflojar el cinturón» y terminó apretándonos el cuello. Orsi habla de una austeridad de cartón mientras permite que se siga dilapidando el dinero de los contribuyentes.

De «salvadores» a millonarios: La gran traición
Ya nos pasó con Cabildo Abierto y Manini, que terminó abrazado a sus fueros. Y ahora asistimos al show de Gustavo Salle. El que gritaba contra la «cleptocorporatocracia» ya se sentó en el banquete. Él y su hija ya son parte de la casta que tanto criticaron. Entre sueldos y beneficios, su «empresa familiar» política ya proyecta ingresos de más de un millón de dólares. Se volvieron millonarios hablando lindo, repitiendo como loros consignas para la tribuna mientras se llenan los bolsillos y no proponen un solo cambio estructural que les quite un peso de privilegio. Son lo mismo de siempre con distinto envase.
¡Es ahora o nunca!
Uruguayo, no importa a quién votaste. Si sos desocupado, si sos jubilado, si sos un comerciante que está por bajar la cortina: la indignación tiene que ser una sola. No esperemos a las próximas elecciones. Necesitamos una Auditoría Ciudadana implacable. Hay que forzar un cambio total en la administración del dinero público. No podemos permitir que sigan usando nuestros impuestos para financiar sus lujos mientras el pueblo no llega a fin de mes.
Hay que terminar con la juerga de los que viven del Estado y empezar a gobernar para los que sostienen al país.
¡Basta de privilegios! ¡El dinero es nuestro y el hambre no espera!

















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