Basta de corrupción. Reflexiones del 3er Congreso de la Federación Latinoamericana de Fiscales. Memorias de catarsis.
Días atrás nos reunimos Fiscales de 14 países de la región para conversar sobre “Desafíos del fiscal frente a la Corrupción y Crimen Organizado en las altas esferas del poder”.
Fueron tres días compartiendo experiencias de investigaciones hechas por equipos fiscales en la región contra políticos o grupos de poder.
Desde aquella tarea titánica desarrollada por la fiscal peruana Ana Cecilia Magallanes y los fiscales que llevaron al banquillo de los acusados a Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos hasta los incontables colegas que han cumplido, cumplen y cumplirán su obligación de investigar los delitos cometidos contra la administración pública.

Es un factor común, todos son sometidos a los más duros ataques desde flancos inimaginables, de parte de quienes procuran la impunidad de los corruptos.
Operaciones mediáticas, ataques de parte de personajes influyentes, investigaciones administrativas por cuestiones irrisorias, persecución, sanciones, amenazas, atentados y agresiones que han llegado al asesinato, son los mecanismos utilizados para amedrentar a los funcionarios que la ley a establecido que deben investigar la corrupción a fondo.
Cuando la corrupción llega a un estado en que se establece como un sistema orquestado para servirse del estado para fines particulares, existe una Cleptocracia.
Cada país tiene niveles diferentes de corrupción y de cooptación del estado por parte de los corruptos.
Ahora bien, las estrategias de desprestigio y deslegitimación pública de la Fiscalía y de los Fiscales que investigan casos de corrupción se copian como calco de un país a otro, de norte a sur, de este a oeste.
Entonces, en este contexto, luego de constatar la situación tétrica de debilidad institucional que tienen la inmensa mayoría de nuestros Ministerios Públicos para enfrentar este tipo de criminalidad ¿no será momento de pensar estrategias superadoras?

Por un lado, es necesario exigir a los estados fortalecer las Fiscalías y garantizarle la autonomía funcional y presupuestal que efectivice la Independencia de sus funcionarios, un derecho humano que es una garantía para los ciudadanos respecto del accionar de la justicia.
Este es un asunto que hoy día preocupa de sobre manera a los organismo internacionales de contralor de DD.HH (CIDH, Corte IDH, Relatorías de ONU) y sobre el cual se ha llegado a expresar que su violación es un riesgo para el Estado de Derecho.
Por otro lado, y tal como ha sucedido con otro tipo de criminalidad, veo con muy buenos ojos, una estrategia que se ha puesto de manifiesto en el Congreso por sus impulsores.
Se trata de instaurar una Corte Internacional Anticorrupción, un mecanismo de último recurso para enjuiciar a cleptócratas y recuperar los dineros públicos desviados en perjuicio de políticas públicas que benefician intereses generales.
Esto sería fundamental, en especial en países en donde se ha blindado de tal manera la posibilidad de que el Sistema de Justicia del lugar persiga, enjuicie y condene a esos delincuentes, tan así que la impunidad se hace regla.
Sé que para el común de la gente es difícil dimensionar el daño que causa la corrupción, pues a diferencia de otros delitos, no parece haber una víctima concreta, pues en realidad la víctima es la sociedad entera.
Ojalá en el futuro próximo, estemos frente a una realidad diferente, con Fiscalías fuertes y con mecanismos efectivos para ir contra la corrupción y el crimen organizado.
Y ojalá que, cuando un equipo Fiscal impute con evidencias sólidas y contundentes a corruptos, todos sepan indudablemente que lado elegir entre Corrupción o Justicia.















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