Por: Fulbito
En el Campus de Maldonado se vio mucho más que un resultado de 2 a 1. Se vio una demostración de fútbol colectivo por parte de Central Español, que con jugadores rayando a gran altura, le dio una lección a un Peñarol que hoy fue un barco a la deriva.
Lo de Diego Aguirre roza el papelón. Resulta incomprensible cómo un entrenador de su trayectoria puede presentar un equipo tan mal armado, desmantelando el mediocampo de una forma que dejó a todos boquiabiertos. Inventó laterales fuera de puesto y, lo que es peor, sentenció a Leo Fernández al «sacrificio» de jugar como doble cinco. Leo, que hace rato debería haber perdido la titularidad por bajo rendimiento, hoy directamente dio lástima en una posición que no siente ni conoce.

¿Un plantel o una enfermería?
Es cierto que el carbonero tiene seis titulares afuera, pero eso no justifica las decisiones erráticas desde el banco ni la paupérrima imagen de las nuevas adquisiciones, que hasta ahora no han demostrado nivel para vestir esa camiseta.
Pero el problema de fondo es médico y físico. ¿Qué está pasando en Los Aromos? Lo de Peñarol ya no es mala suerte, es una «enfermería completa». La cantidad de desgarros acumulados escapa a cualquier lógica del deporte profesional.
Cabe preguntarse seriamente:
¿Los preparadores físicos se están «pasando de rosca» en los entrenamientos? No es natural tanto músculo roto. Si no revisan la planificación física y el armado del equipo, el campeonato se les va a escapar entre las manos de los kinesiólogos.
En síntesis: Central ganó porque supo a qué jugar. Peñarol perdió porque su técnico se confundió y porque sus jugadores, entre los que no rinden y los que viven lesionados, no dan la talla.














