Por Jorge Bonica Sierra.-
En una reciente y reveladora entrevista, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay puso sobre la mesa una realidad preocupante: la existencia de magistrados que no alcanzan el nivel mínimo de capacidad intelectual y profesional requerido para su cargo.
A pesar de que estos jueces han sido identificados —e incluso han reconocido sus propias carencias al ser confrontados—, el sistema actual presenta dificultades para sancionarlos o apartarlos, permitiendo que continúen ejerciendo sus funciones.

Un Riesgo para la Ciudadanía
Esta situación no es solo una cuestión administrativa; es un riesgo latente para cualquier uruguayo. Cuando un juez no está calificado:
• Aumenta la probabilidad de errores judiciales graves.
• Se debilita la confianza en la seguridad jurídica del país.
• Cualquier ciudadano puede quedar a merced de una decisión mal fundamentada que afecte su libertad, su patrimonio o su familia.
¿Hacia una Reforma Necesaria?
El debate queda abierto: ¿Es suficiente con calificar a «los mejores» o es urgente implementar mecanismos que inviten a mejorar —o directamente retiren— a quienes no dan la talla? La justicia, para ser tal, no solo debe ser imparcial, sino también profesional y competente.
















