Mientras el economista Gabriel Oddone nos receta resignación diciendo que Uruguay «siempre será caro», la realidad golpea en la cara a quienes intentan estirar una jubilación de 18.000 pesos.
El problema no es la falta de recursos, sino una administración que prioriza el «pago de favores» por encima del bienestar de quienes construyeron este país.
El «Turismo Diplomático» y las Embajadas de Favor Es indignante que Uruguay mantenga una estructura de 54 embajadas alrededor del mundo, muchas de ellas «al santo botón».
¿Es realmente necesario abrir una nueva embajada en Etiopía mientras un jubilado no llega al día 10 del mes? •
Refugios para políticos fracasados: Estas sedes diplomáticas se han convertido en el premio consuelo para políticos que no consiguieron votos, pero a quienes el sistema les debe un favor. • Costos astronómicos: Cada embajada implica alquileres en dólares, sueldos de lujo y viáticos que salen directamente del esfuerzo del contribuyente.
Ministerios a la Medida del Amiguismo En los últimos años, hemos visto una proliferación de ministerios y estructuras burocráticas que no responden a una necesidad del país, sino a la necesidad de la coalición de turno de «cumplir» con cada socio político. •
Burocracia de lujo: Cada ministerio nuevo no es solo un ministro; es una estructura de edificios, muebles, flota de vehículos y una legión de secretarios y asesores. •
Cálculo político vs. Realidad ciudadana: Se crean oficinas para pagar cuotas partidarias, mientras la administración de los recursos públicos se aleja cada vez más de la austeridad con la que vive un jubilado uruguayo.
Administrar como un Jubilado: La Verdadera Reforma Oddone y la clase política deberían aprender a administrar el Estado como lo hace un jubilado con 18.000 pesos. En esa economía familiar, lo que no es vital, se corta.
La propuesta es clara: Cerrar las embajadas innecesarias, eliminar los ministerios que solo sirven para la foto política y bajar drásticamente los privilegios de la casta estatal.
Si se administrara el país con la misma seriedad con la que un abuelo cuida sus pocos pesos, el Uruguay dejaría de ser «caro» para convertirse en un país justo. No es falta de escala, es falta de vergüenza.
















