Advertisement

*El peligro de la retórica conspirativa antisemita*

En días recientes, las declaraciones del diputado Salle han generado profunda preocupación al atribuir a una supuesta élite «judeo-sionista» el control absoluto de estructuras económicas globales, agendas internacionales como la 2030 y, en última instancia, el destino de la humanidad, descrita como una «granja humana» sometida a amos esclavistas y supremacistas.
Este tipo de discurso no es novedoso, reproduce expresiones antisemitas centenarias que han sido utilizados históricamente para justificar discriminación, violencia y genocidios.
La esencia de esta retórica radica en presentar a un grupo étnico-religioso específico como una fuerza oculta, omnipotente y malévola que manipula las finanzas, la política y la cultura mundial con el objetivo de dominar y esclavizar al resto de la humanidad.
Se trata de una visión conspirativa que simplifica problemas complejos (desigualdad económica, pérdida de soberanía nacional, cambios sociales acelerados) atribuyéndolos a un enemigo único, identificable y supuestamente cohesionado; esta simplificación no solo es intelectualmente deshonesta, sino profundamente peligrosa.
Históricamente, este tipo de narrativas han servido como combustible para movimientos totalitarios y actos de violencia masiva; no es necesario citar textualmente a figuras del pasado para reconocer el patrón, la demonización colectiva de los judíos como responsables de los males del mundo ha aparecido recurrentemente en tiempos medievales, en hechos de sangre, en teorías sobre control bancario internacional y en propaganda estatal del siglo XX.
En todos los casos, el resultado ha sido el mismo, deshumanización del otro, justificación de la exclusión y, en sus formas más extremas, la legitimación del exterminio.
En el contexto actual, este discurso no solo perpetúa el antisemitismo, sino que debilita la democracia, al promover teorías conspirativas que señalan a un grupo minoritario, sea por discriminación por raza , credo o preferencia sexual, como origen de todos los problemas, se desvía la atención de las verdaderas causas estructurales de las crisis (corrupción real, concentración de poder económico, fallas en la gobernanza global) y se impide el debate racional sobre soluciones.
Además, normaliza el odio y contribuye a un clima de intolerancia que afecta no solo a las comunidades judías, sino a cualquier minoría que pueda ser señalada como chivo expiatorio en momentos de crisis.
La libertad de expresión es un pilar democrático, pero conlleva responsabilidad, quienes ocupan cargos públicos tienen una obligación especial de medir sus palabras, pues su alcance amplifica mensajes que pueden incitar al odio, atribuir características malignas inherentes a un grupo étnico-religioso no es opinión política legítima, es discriminación pura y simple, prohibida por la Constitución y por tratados internacionales que el país ha suscrito.
La sociedad civil, los medios de comunicación y las instituciones deben rechazar con firmeza este tipo de declaraciones; no basta con el silencio o la indiferencia; es necesario condenar explícitamente el antisemitismo en todas sus formas, sean tradicionales o disfrazadas de crítica política al sionismo o al Estado de Israel; la crítica legítima a políticas de cualquier gobierno, incluido el israelí,  nunca debe cruzar la línea hacia la estigmatización colectiva de los judíos como pueblo.
Uruguay ha construido una democracia sólida sobre los valores del respeto, la pluralidad y la rechazo al odio; permitir que discursos conspirativos antisemitas ganen espacio en la esfera pública representa una amenaza a esos valores.
Es responsabilidad de todos, ciudadanos, partidos políticos, Parlamento y Poder Judicial, actuar con decisión para preservar una sociedad donde ningún grupo sea demonizado ni convertido en culpable colectivo de los problemas del mundo.
El antisemitismo no es una opinión, es un veneno que la historia ha demostrado ser letal, no debemos permitir que vuelva a circular libremente en nuestro debate público.
El poder legislativo y la justicia deben tomar medidas concretas y condenar estás expresiones.

Roberto Alfonso Azcona

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *