¡ESCÁNDALO EN LOS AROMOS! ¿QUIÉN SE CREE QUE ES ESTE PIZARRERO?
Por FULBITO.-
¡Se pudrió todo! Lo venimos diciendo hace un año en estas mismas páginas y nos llovieron puteadas de todos los colores. Pero el tiempo, ese juez implacable que no muerde el anzuelo de los «farsantes», nos terminó dando la razón. ¡El vestuario de Peñarol es un polvorín y la mecha la prendió el «intocable» Leo Fernández!
Trascendió —porque entre el humo y los espejitos de colores siempre se filtra la verdad— que en la práctica del primer equipo hubo un conato de agresión que casi termina en boxeo. Gularte, harto de la soberbia barata y de los aires de divo de este muchacho, se le plantó firme. Lo encaró, lo increpó y le cantó las cuarenta en la cara. ¡Ya nadie se banca el maltrato de este pibe que se cree el ombligo del mundo!
UN «DIVO» QUE DESTRATA A SUS COMPAÑEROS
Leo Fernández no solo es un agrandado; es un tipo que desprecia a sus propios compañeros. Los insulta en los partidos, les grita si no le ponen la pelota al pie como si fueran sus sirvientes, y los obliga a jugar con un nerviosismo insoportable. ¡Juegan atados, mirando de reojo al «caprichoso» para ver si no les pone cara de asco!
Lo dijimos hace un año: este muchacho tiene un nivel de «agrande» que no se condice con su realidad. Es un pizarrero. Cuando le sale una jugadita, saca pecho y se cree Pelé; pero cuando las papas queman y el equipo lo necesita, ¡desaparece! Se borra, se vuelve un fantasma que deambula por la cancha mientras los demás tienen que correr por él.

AGUIRRE: ¿ENTRENADOR O CÓMPLICE?
Y acá hay un responsable con nombre y apellido: Diego Aguirre. La «Fiera» parece haber perdido los colmillos y se convirtió en cómplice de este circo. Lo hizo insustituible por decreto, aunque no toque una pelota productiva. Peñarol juega con diez mientras Leo Fernández se mira al espejo.
Claro, hay 7 millones de razones para no sentarlo. Los directivos tiemblan pensando que, si lo mandan al banco —donde merece estar hace rato—, su cotización se cae al piso. Prefieren cuidar el bolsillo que la salud del plantel.
VESTUARIO PARTIDO: DOS BANDOS Y UNA GUERRA
Pero ojo, que la mecha ya llegó al barril de pólvora. Gularte y Batista ya se plantaron. No son giles. Batista ya le venía marcando la cancha en partidos anteriores, harto de recibir indicaciones en tono agresivo de alguien que no le ha ganado a nadie. Hoy, Peñarol tiene un plantel fracturado en dos bandos.
Aquel Leo Fernández del 2024, ese que la metía de todos lados, ya es un recuerdo borroso. Ese crédito se le terminó. El hincha ya no come vidrio y sus compañeros ya no le aguantan ni un desplante más.
¡Bajate del pony, nene, que la camiseta de Peñarol te queda gigante si no tenés humildad!
















