Por Jorge Bonica Sierra.-
Hay apellidos que en la política uruguaya funcionan como un seguro de vida, y el de José Amy es el ejemplo de manual. Mientras el ciudadano de a pie la pelea para llegar a fin de mes, parece que para algunos la «malla de oro» no es un esfuerzo, sino un cargo público asegurado de por vida.
El padrino de siempre: Bajo el ala de Bordaberry
No importa si las urnas le dan la espalda o si en su propio pago, Soriano, la gente ya no le pone el voto. No hace falta el apoyo popular cuando tenés la bendición de Pedro Bordaberry. Una vez más, el líder colorado mete la mano en el mazo y saca la carta de Amy, esta vez para aterrizarlo suavemente en el directorio de OSE.
¿Es idoneidad técnica o es simplemente el viejo y conocido «pago de favores»? Hace 20 años que este guion se repite. Entra gobierno, sale gobierno, pero José Amy siempre encuentra una silla con aire acondicionado y sueldo de jerarca.

El historial del «Turismo Oficial»
Para entender el presente, hay que mirar el pasado, y el paso de Amy por el directorio de UTE dejó una estela de gastos que todavía indigna a «Juan Pueblo»:
• El chofer de lujo: Se hacía llevar y traer de Montevideo a Mercedes en auto oficial, como si el combustible y el desgaste del vehículo salieran de su propio bolsillo y no de los impuestos de todos.
• Hospedaje de primera: Mientras se discutían las tarifas eléctricas, él descansaba en el Hotel Alvear de Montevideo. ¿La cuenta? A cargo del Estado, por supuesto.
• El banquete pago: Los que frecuentaban La Pasiva de 18 de Julio y Yi lo veían servirse como un rey. Una dieta a base de minutas y opulencia, siempre con la billetera pública sobre la mesa.
Jubilación de privilegio
Lo de OSE no es una oportunidad de gestión, es el broche de oro para una carrera construida a base de designaciones directas. Amy se encamina a una jubilación de privilegio habiendo vivido dos décadas de la teta del Estado, sin que los votos lo respalden pero con la lealtad de «Pedrito» como único mérito.
En Soriano lo conocen bien, pero en Montevideo parece que prefieren no mirar el prontuario de gastos. Al final del día, el mensaje es claro: si tenés el padrino adecuado, no importa cuántas veces te rechace la gente; siempre habrá un ente público listo para recibirte con los brazos abiertos y la cuenta corriente abierta.

















