Por Jorge Bonica Sierra.-
¿Vieron lo que pasó en Tacuarembó? El presidente Luis Lacalle Pou, siempre afecto a las tradiciones camperas y a mostrarse de bota y sombrero, terminó probando el sabor del suelo tacuaremboense tras una caída de su caballo. Pero lo que realmente levantó polvareda no fue el golpe en sí, sino lo que vino después: el manotazo de ahogado hacia el sistema público que, según dicen los que saben, no estuvo precisamente en sus prioridades.
El teléfono que ahora sí funciona
Apenas sintió el rigor del porrazo en el campo, el primer mandatario no dudó. El número marcado en el celular fue el del Dr. Ciro Ferreira, el emblemático director del Hospital de Tacuarembó. Ese mismo hospital que es referencia en el norte, pero que ha tenido que remarla contra la corriente de un presupuesto que a veces parece que no llega o que se olvida de la frontera.
Resulta curioso, ¿no? Durante cinco años, desde la torre ejecutiva en Montevideo, las necesidades de los nosocomios del interior parecen verse en una planilla de Excel, frías y lejanas. Pero cuando las papas queman —o cuando el cuerpo duele—, los brazos de Ciro y la infraestructura del hospital público se vuelven el refugio más seguro.
La «ignorancia olímpica» tiene patas cortas
En el boliche y en la feria se comenta lo mismo: se ignoraron las carencias, se ajustaron los cinturones de la salud pública y se miró para el costado cuando los gremios y los directores pedían oxígeno financiero. Sin embargo, ante el accidente, esa «ignorancia olímpica» sobre la realidad de la salud en el interior se transformó en una necesidad urgente de atención de primera.
• El contraste: Mientras el ciudadano común hace fila y espera por especialistas, el poder llega por teléfono directo.
• La ironía: El caballo lo tiró en el pago, pero la realidad lo bajó a tierra frente a la puerta del hospital que él mismo gestionó con distancia.
¿Moraleja?
Nadie le desea un mal físico a un presidente, por supuesto. Pero este episodio deja un gusto amargo en Tacuarembó. Es un recordatorio de que los hospitales no están solo para las emergencias de los ilustres, sino para el bienestar de todos, todos los días.
Quizás ahora, con el cuerpo un poco más machucado, Lacalle Pou entienda que lo que Ciro Ferreira y su equipo necesitan no son llamadas de auxilio personales, sino los recursos que les corresponden por derecho para atender a todo el pueblo que, al igual que él, también se cae y necesita levantarse

















