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FUE UNA ESPERANZA, TERMINA SIENDO UN ENFERMO MENTAL

Por Jorge Bonica.-

Cuando apareció en escena, era tan solo un divertido economista mediático, que gritaba y puteaba en busca de protagonismo.

Luego, poco a poco se fue instalando en los programa de televisión como un buen panelista, con un discurso liberal, con muchas cosas muy aplaudidas por todos los que queremos un cambio de sistema y una administración con la mayor austeridad.

La corrupción de el kirchnerismo, los robos millonarios por uno de los cuales hoy Cristina está presa en su apartamento, fueron un alimento importante para la figura de Javier Milei.

Llegó un momento que su partido político empezó a crecer, un poco en joda, un poco en serio.

Mientras tanto el PRO, partido que gobernó con la presidencia de Mauricio Macri, se caía a pedazos y se peleaban a muerte entre ellos.

«Si voy al balotaje, soy presidente» dijo Milei en un momento que se vislumbraba como el tercero en discordia. Tuvo un debate Memorable con Massa y Patricia Bullrich, que los venció ampliamente.

Milei era el gran gladiador con la corrupción, y prometía terminar con la inflación, que con el gobierno de Alberto llego al 300% anual, algo imposible de soportar para los argentinos.

Como buen economista mostraba las cartas de lo que haría si era presidente, y prometía el cierre de por lo menos 10 ministerios. Fue primero electo diputado y hizo un sorteo todos los meses para regalarlo entre todos aquellos argentinos que se anotaron en su página web u así lo hizo, despertando el interés de los medios.

Bajó muchos cambios en la campaña, se mostró más «normal», y no el loco disparatado que era en sus inicios.

Y finalmente los argentinos, cansados de Cristina y Macri lo votaron ganando la presidencia por buen margen de votos.

En materia económica hizo parte de lo que prometía y hoy la inflación parece dominada. Pero su promesa de dolarizar el peso, es decir dejar de lado el peso y que los argentinos se manejen con billetes de dólares, quedó por el camino con muchas excusas.

También el olvidar el FMI no se cumplió, generando incluso una gran deuda con el último préstamo de 17 millones de dólares convenidos.

Pero su actitud personal, su locura manifiesta, lo hacen a esta altura un ser psiquiátrico, hasta haciendo dudar que se encuentre en sus cabales.

Expulsó a muchos de sus principales dirigentes, incluso a una ministra que tuvo la mala idea de contradecirlo.

Aceptó a Patricia Bullrich y la nombró ministra de seguridad y ahora sería candidata a senadora.

Había dicho que Patricia era una montonera guerrillera que había matado niños con bombas en escuelas, pero como electoralmente le servía la perdonó y una e sus manos derechas.

Ahora está hace tiempo totalmente descontrolado, volvieron los insultos, los desplantes, los gritos, está realmente descontrolado psicológicamente.

Lo único que le importa es lo que él dice, no se le puede decir que no se está a favor de sus dichos, porque sea quién sea, es su enemigo.

Israel y Estados Unidos son sus grandes amores, y los argentinos sigue esperando el milagro, pero este enfermo mental, que engañó a todos, y sus corruptos rivales que llevaron a la Argentina al peor caos económico de su historia, van a terminar muy mal.

Un tipo lleno de odios y con una soberbia inusitada.

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