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¡BASTA DE REYES CON PLATA AJENA! EL ASQUEROSO BANQUETE DIPLOMÁTICO EN BUENOS AIRES

Por Jorge Bonica Sierra – Director Semanario El Bocón

Mientras usted se rompe el lomo para pagar la luz, mientras miles de uruguayos se mueren de frío y hambre en una vereda de Montevideo, hay un «iluminado» viviendo como un emperador en Buenos Aires. Se llama Embajador, pero debería llamarse parásito de lujo.

Es una cachetada en la cara de cada laburante. En una mansión de tres pisos que pagamos todos, el embajador uruguayo de turno disfruta de una vida de excesos que ni un jeque árabe se atrevería a ostentar con fondos públicos. Es el triunfo de la casta diplomática sobre un pueblo que ya no aguanta más el cinismo.

Una corte de esclavos modernos pagada por vos

El nivel de descaro es demencial. La residencia no es una oficina, es un hotel de cinco estrellas privado para un solo hombre y su familia. Tienen una cocinera para que les deleite el paladar, una mucama para que les tienda la cama y una empleada «todo servicio» que vive ahí adentro para satisfacerles cualquier capricho. ¡Tres mujeres para servir a una sola familia!

¿Y el mantenimiento? Un chiste de mal gusto. Tienen a dos tipos rascándose a dos manos que no arreglan ni una canilla, porque cuando algo se rompe, el Estado (o sea, usted) paga una empresa aparte. Súmale un portero que solo sirve para verle la cara cuando entra y sale, un sereno para que nadie le moleste el sueño, y dos choferes para que el señor no tenga que tocar un volante. ¡Hasta la pileta y el jardín se los mantenemos mientras hay gente que no tiene para un techo de chapa!

El «Pobre» Embajador de los 20.000 dólares

Este personaje cobra 20.000 dólares por mes. Pero eso no es lo peor. El tipo no sabe lo que es la inflación porque no gasta un peso de su bolsillo.

• No paga comida.

• No paga luz, ni agua, ni impuestos.

• No paga los sueldos de sus sirvientes.

• Ni siquiera paga sus pasajes ni los de su familia.

Vive en una burbuja de impunidad fiscal donde puede importar autos de alta gama sin pagar un solo impuesto, esos mismos impuestos que a vos te funden la vida. Es un insulto a la inteligencia. Es un robo legalizado.

El banquete sobre el hambre

Es una obscenidad moral. En la mansión se hacen fiestas para 500 personas con el mejor catering y los mejores vinos, mientras a pocas cuadras de la Torre Ejecutiva en Uruguay, hay niños que no tienen para un vaso de leche.

Esa pileta, esa mansión de tres pisos y ese ejército de sirvientes son un monumento al despilfarro y a la desvergüenza. No es diplomacia, es una estafa. Mientras haya 5.000 uruguayos tirados en la calle como perros, mantener a estos «reyes» en Buenos Aires es un crimen ético que debería darnos asco a todos.

¿Hasta cuándo vamos a seguir pagando la fiesta de estos zánganos?