Por Fulbito.-
Mientras el socio se sacrifica, en Los Aromos se despilfarran 120.000 dólares por mes en un técnico que traicionó la historia del club. La mentira de la «Fiera«, el fantasma de Leo Fernández y el único 9 de verdad que vive en el banco.
Es hora de decir las cosas como son. Lo de Peñarol hoy es un disparate. Empezando por el bolsillo: Diego Aguirre cobra 120.000 verdes mensuales. Un sueldo de Europa para un fútbol que nos regala planteos de equipo que pelea el descenso.
Aguirre se olvidó de lo que es Peñarol. Se volvió un técnico defensivo y timorato. Su «estrategia» es obligar a los delanteros a correr atrás de los laterales rivales hasta el cansancio. Lo vimos en la última final contra Nacional: un papelón histórico. El tipo sacó a los dos delanteros para colgarse del travesaño, buscando empatar y rezarle a los penales. ¡Eso es de cuadro chico! Peñarol siempre fue pasar por arriba al rival, no esconderse como un ratón.

Pero claro, si el técnico es un «gran perdedor», ¿Qué podemos esperar? Ya nos costó la final de la Libertadores en 2011 contra Santos por ese mismo estilo miedoso. Siempre sufriendo, nunca atacando. Lo tienen como a un Dios y el tipo solo vive de defender y esperar a que la suerte lo ayude.
El «fenómeno» que desaparece
Y si hablamos de inflados, hablemos de Leo Fernández. Un jugador temeroso que solo saca pecho cuando el partido está liquidado o hace un gol de casualidad. Contra Nacional, cuando las papas queman, desaparece. Erró dos penales porque la responsabilidad le pesa una tonelada.
Para colmo, es un pésimo compañero. Se la pasa insultando a los suyos en la cancha si no hacen lo que él quiere, pero cuando lo trancan fuerte, se borra y deja al equipo con uno menos. Es un jugador de «terciopelo» en un cuadro de «hacha y tiza».
La solución ignorada
En el banco tienen al mejor 9 del fútbol uruguayo: Matías Arezo. El pibe tiene el arco entre ceja y ceja, tiene una potencia extraordinaria y una pegada que mete miedo. Pero claro, como el «sistema» de Aguirre es defender, a Arezo ni lo dejan patear los libres.
Basta de verso. Peñarol necesita identidad, no un técnico que gane fortunas para jugar a no perder. A Aguirre hay que cesarlo ayer. La historia no se defiende con el trasero en el arco propio, se defiende atacando.


















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