Por Jorge Bonica Sierra.-
Asumieron todos los intendentes que lograron ganar en las elecciones departamentales del 11 de mayo pasado.
Pude concurrir a varias de las asunciones, escuché detenidamente sus discursos iniciales al recibir el cargo.
Si bien todo es muy protocolar, puse mucha atención en sus lineamientos, en las prioridades que cada uno señaló.
En ninguno escuché lo que personalmente creo debería ser el faro a seguir, la austeridad franciscana.
El sistema que siempre han tenido las intendencias es cumplir con los compromisos asumidos en sus campañas electorales.
¿Cuáles son esos compromisos y cómo preparan una campaña para ser reelectos o ser electos?
Agradar al electorado, no quitar privilegios, prometer obras, por lo menos dos o tres importantes.
Dejar abiertas las puertas para nuevas oportunidades laborales, y anunciar sorteos pagos por el gobierno central de zafrales.
Todo lo que sirva para que los ciudadanos de sus departamentos resuelvan el voto, si es que están indecisos.
Pero anunciar austeridad, bajar la cantidad de funcionarios, arreglar el tránsito que es absolutamente un desastre en casi todas las capitales departamentales, eliminar cargos de particular confianza, desistir de las increíbles cantidades de direcciones, de eso, no hay anuncios, sería perder votos seguramente.
Es como que se da por hecho que se va a continuar con lo bueno que la anterior administración pudo hacer, y que tendrá su propia impronta.
Así de sencillo. Los intendentes salientes quieren dejar en claro lo que pudieran haber hecho en sus discursos de entrega de mando, solo un último acto político.
Personalmente, estoy absolutamente convencido, que en algún momento no solo cada intendencia, sino el gobierno de turno, tendrá obligatoriamente que terminar con la politiquería barata, las repartijas de cargos y asumir la realidad financiera del país.
Tengo ya 50 años en el camino de la investigación y el análisis de gobiernos nacionales y departamentales.
Han pasado de varios colores políticos, con diferentes improntas personales y partidarias; todas, absolutamente todas administraron con números en rojo, con más salidas que entradas.
Todas aumentaron más de la cuenta el número de funcionarios, todas repartieron como una torta de cumpleaños el país y los departamentos.
Todas las administraciones (algunas muy bien intencionadas) han subsistido no solo con sus entradas naturales, sino que han endeudado e hipotecado a sus ciudadanos.
Cuando el Banco de la República dice que no, apareció el «fabuloso FIDEICOMISO», la gran mentira visual a la población.
No es otra cosa que un crédito, una nueva deuda millonaria, que es para obras y otras cosas ocultas.
Pero el fideicomiso tiene una particularidad diferente, la garantía de pago, es una de las entradas naturales de las intendencias o del país.
El fideicomiso se paga sí o sí, incluso no llega a las arcas municipales o gubernamentales, es parte de la RECAUDACIÓN IMPOSITIVA de los organismos públicos.
La respuesta política es que esos créditos especiales, se aprueban por una mayoría especial en las diferentes legislaciones.
¿Quienes integran las juntas departamentales?
¿Los ediles verdad?
¿Ciudadanos electos en listas sábanas armadas por líderes políticos verdad?
Que sin duda, la mayoría será mandatado por quién lo hizo ser electo, gente sin votos propios, que llegado el momento, reitero, la mayoría, deberá levantar su mano para aprobar.
Y si no la quiere levantar, algunos han sido «convencidos» con un cargo propio o de sus familiares, un desastre y un agravio a la democracia.
En síntesis, no escuché en los discursos, ni leí en sus programas, la palabra austeridad, ni moderación en la administración de los recursos públicos.
Al parecer, seguiremos el camino que nos llevará al desastre, porque ellos saben muy bien que es así, que ya le estamos vendiendo al poder capitalista las «joyas de la abuela», el agua de nuestros acuíferos, y ya saben como termina esto si no hay alguien que interponga a su aspiración personal o partidaria, al bien público.






