¿Ofrecer honestidad en una candidatura política, es buen negocio?
Con los resultados que se han visto en estas elecciones departamentales, podemos contestar esta pregunta con gran firmeza, no, no es un buen negocio, es un pésimo negocio.
La gran mayoría de los uruguayos no le dan importancia a la honestidad de los candidatos para votar, ni siquiera si su candidato a votar, está preso imputado o si fueron imputados y condenados, aceptando haber cometido delitos como pasó en Artigas por ejemplo.

Hay casos puntuales como el de Salto, que debían elegir entre la mafia de los Lima y la mafia de Albisu y Coutinho. Se da al caso de quién fuera electo finalmente Carlos Albisu que debió renunciar a su importante cargo en la Represa de Salto Grande por actos graves de corrupción. La renuncia pedida por Luis Lacalle Pou como presidente de la República fue contundente en su momento, el mismo Luis Lacalle Pou que la semana pasada fue al acto de Albisu y pidió el voto para el propio Albisu, no se entiende.
Y la gente de Salto que vota a Albisu y al hermano de Lima, es una demostración de lo que estamos analizando.
Son solo ejemplos, queríamos analizar simplemente que los uruguayos son víctimas de un sistema, que por ejemplo en Montevideo, se reconoce que es un desastre la basura, el tránsito, la iluminación, los acomodos increíbles, pero igualmente se les sigue votando mayoritariamente.
Los números lo dicen claramente, a muy pocos les interesa la honestidad del candidato, los uruguayos en su gran mayoría solo miran dos cosas; la conveniencia personal y la ideología radical.
Así estamos.

















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