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LA VERDAD DEL INCENDIO DE LA UTE

La Trama Oculta

En 1993 comenzó a gestarse una maniobra de gran escala en perjuicio de la UTE. ¿Por qué? Porque ya llevaban años ensayando lucrativas estafas mediante órdenes de compra falsas. Utilizaban incluso un camión Ford 600 con los colores y el logotipo del ente para retirar los pedidos: 30 calefones para el Parque de Vacaciones, 30 televisores, entre otros artículos.

Al ser el mayor recaudador del Estado, UTE realiza compras masivas y, evidentemente, los responsables contaban con información interna; y no precisamente de un portero. Dados los buenos resultados obtenidos, prepararon el «golpe maestro». Con información recolectada durante meses, falsificaron en imprentas —las mismas que antes les suministraban dólares apócrifos— órdenes de compra y de transferencia bancaria con los montos y formatos habituales.

Compraron uniformes de ujier en el mismo lugar donde UTE vestía a sus empleados y, con datos precisos, ingresaron al sistema informático de la época una deuda de 20 millones de dólares. El pago se realizaría en EE. UU., donde se encontraban un hijo y el dueño de un cambio, socio de ellos en aquel entonces. Otros 7 millones tenían como destino un país árabe (Amán o Dubái, no lo tengo claro). La deuda se había generado y, con información privilegiada, se procedería al cobro.

Sin embargo, el coordinador de la maniobra —que articulaba con el comando policial de la época, cambios, bancos y empleados infieles de UTE— se sintió investigado por un policía del cual antes había sido informante. Este oficial le confesó estar parcialmente al tanto de lo que planeaban. Allí se precipitaron los acontecimientos. Su mujer, cómplice de la trama, le comentó los detalles a su amante (un jerarca policial). Ante el apuro, ejecutaron la maniobra —que siempre negaron que hubiera tenido éxito— y procedieron a quemar los archivos de la UTE, especialmente el sector de computación, el 13 de agosto.

El día 23, el coordinador fue secuestrado y asesinado, generándose un sinfín de pruebas falsas para acusar al policía que los investigaba. A este último se le terminó reclamando no por la estafa, sino por cinco homicidios que no quería cargar en su cuenta. Poco después, se incendió una oficina en la calle Paraguay donde se encontraba el respaldo electrónico del Palacio de la Luz. Volonté no sabía cómo «dibujar» la situación, al igual que no supo manejar sus dichos tras el entierro de Villanueva; sabía que el tema lo golpeaba directamente, ya fuera por complicidad u omisión.

Lo ideal para ellos era un González muerto por una «mafia del oro» u otros motivos. Mientras tanto, el Ministerio le dio rienda suelta a la viuda con sus estafas y seguros de vida, siempre y cuando el tema UTE no se mencionara. En el libro El pozo de Pandora, Ortega lo expone lisa y llanamente. Lo increíble es que siempre lo negaron sistemáticamente: ningún juez, fiscal o político quiso investigar a fondo.

Es más, hace unos meses un seudoescritor publicó un libro sobre el incendio argumentando un accidente, lo cual contradice las declaraciones iniciales de Volonté. En los pasillos de juzgados, fiscalías y del Palacio Legislativo, viejos policías y periodistas de la época tienen datos, pero nadie dice en la comisaría lo que grita en la pulpería. ¿Para qué? El tema se laudó dándole 30 años al policía, matando a testigos molestos y desacreditando cualquier versión, por más verosímil que fuera.

Convengamos que, para ser mentira, tiene demasiados visos de realidad: una estafa gigante con información de las más altas esferas, amantes, traición y muerte. Se borraron pruebas y se dirigió la investigación en sentido opuesto, forzando la lógica y el sentido común.

Hubo mucha influencia política para evitar que el escándalo rozara a personajes que, en su momento, habían comprado a medio mundo. Si no, ¿cómo se explica que a una persona con antecedentes le otorgaran un free shop? Solo basta con ver sus agendas.

Agendas que nunca aparecieron, pues fueron un tesoro custodiado por años por la viuda y la policía, hasta que, por orden de un juez —que luego murió de forma muy extraña—, aportaron unas versiones totalmente tergiversadas.